Un poco de historia…

Mixcoac, localizado al noreste de la ciudad de México figuraba en 1792 como una cabecera más de la extensa jurisdicción de Coyoacán. Su cercanía con la ciudad de México hizo que sus tierras fueran codiciadas  siendo destinadas al ramo agropecuario. (Jarquín Ortega, Origen: 1990, p.64.) Así, hasta finales del siglo XIX la principal actividad productiva se concentró en el cultivo de maíz, hortalizas, frutos y flores. (Hernández, Suárez, Culebra: 1991, p. 9)

A lo largo de la época Colonial, el barrio permaneció entre nubes. Sería hasta el siglo XIX, con las corridas del tranvía de tracción animal entre el Zócalo y San Ángel, las cuales tenían una estación en Mixcoac, que el lugar comenzó a cobrar renombre.

Durante el Porfiriato, Mixcoac alcanzó gran notoriedad, prueba de ello fueron las numerosas fincas de familias adineradas que se construyeron en sus terrenos, como la mansión que ocupa hoy en día el Colegio Williams. Entonces se completaron los servicios de agua, luz eléctrica y vigilancia, y se empedraron las calles. Además, fueron aprovechados los viveros de flores, sembrándose en ellos casi 40,000 nuevas plantas de ornato para la población. (http://www.mexicodesconocido.com.mx/mixcoac.html)

La zona se convirtió en lugar de recreo para los capitalinos, permanentemente se organizaban allí festejos y diversiones. Particularmente, los jardines y salones de baile proliferaron por el lugar. Ejemplo de esto fue la quinta de San Pedro de los Pinos, la cual ofrecía tamaladas y paseos a sus visitantes. (Hernández, Suárez, Culebra: 1991, p. 9)

La Revolución no destruyó ni modificó nada en Mixcoac, que mucho más debe su metamorfosis, en los últimos 70 años, a la piqueta del progreso.  (Hernández, Suárez, Culebra: 1991, p. 18)

 (http://img163.imageshack.us/img163/7589/mixcoac1937.jpg)

Con esta referencia, el usuario podrá acceder a información histórica relacionada con los alrededores del barrio de Nonoalco…

Distender los hilos sobre Nonoalco…

No podría hablar por todos los barrios existentes en nuestra gran capital. Pero si puedo señalar aquel que tengo a mi alcance, ese Nonoalco que se distiende como hilos de seda entre puentes y bardas de olvido. Arribar al barrio es sencillo. Basta con saber su orientación para llegar como dictan sus calles. Barrio, finalmente, no cuenta con demasiadas avenidas en su haber. El recorrido natural que atraviesa el lugar se extiende de sur a norte. Llegando por la calle Sassoferrato, el visitante entronca con av. Santa Lucía. Una calle entra, una calle sale. Restringido el acceso vehicular a caminos angostos y casi laberínticos o sin salida, el barrio de Nonoalco es atravesado como espina dorsal por Santa Lucía.

El tránsito en carro es directo si se realiza a través de Sassoferrato. Colindando con la colonia Alfonso XIII hacia el sur, el cambio se distingue ante la imponente armazón de concreto que sostiene parte del distribuidor vial de San Antonio. Los pilares de soporte, tan llenos de tristeza, tan llenos de grafías agresivas, decoran y flanquean el comienzo del barrio desde el sur, rumbo norte.

La composición de la escena es inmediata, simple. Descuido y marginación se viven en el aire de la calle Santa Lucía. Apenas con un carril, el tránsito vehicular se demora ante el más ínfimo retardo de pedal. La incapacidad de vadear el sentido ralentiza la capacidad de circulación entre semana. Solución, asistir en una noche con lluvia. Acceder sin el trajín cotidiano de tantos laboristas de ocho horas se vuelve tarea más afable. Atravesar Sassoferrato es fluido; no hay estorbos. La esperanza de llegar a la parroquia se cumple en tres minutos máximo.

Se arriba al lugar; atrio de calles que sirven de espacio para que respiren los feligreses del templo. El cruce entre Santa Lucía y Antonio Van Dick crea una plaza artificial de asfalto y sentidos varios. Hacia el poniente, por Van Dick, uno espera trasladarse a las profundidades del barrio sin letrero que lo oriente. Al oriente, Periférico aguarda impertérrito. Siguiendo de frente llegará cualquiera hasta San Antonio; vereda vehicular de ida sin vuelta. Al costado oriente de la calle, los pilares de concreto continúan flanqueando el paso como cadetes en fiesta de quince años. Y son los espacios entre estos soldados de concreto los que permiten encontrar un pequeño resquicio para estacionarse. A lo largo de toda la avenida, entre Sassoferrato y San Antonio se encuentran apostadas al costado derecho una cadena de bahías vehiculares. En general, todas llenas. Complicado estacionarse, complicado deambular por un barrio que ofrece poca hospitalidad al foráneo. El extranjero como yo, que se atreve a tocar tierra en parajes ajenos es recibido como corresponde, como un extraño. Inmediatamente al bajar del carro, un par de hombres me observan desde el otro lado de la acera, en el lado poniente. En lo que parecen entradas a diversas viviendas se ubican flanqueando dos centinelas con cerveza en mano. Aparentan un grado de familiaridad con el lugar que hacen suponer su residencia. Al otro extremo de la calle, precisamente de donde venía, hacia el sur, otro par de personas se encuentran colocando una lona de lo que parece un negocio de comida. De igual forma, me miran, me desconocen. Más que reflexionar sobre la existencia de un cogito externo a mi consciencia, esa es la situación en la que la filosofía sufre una vuelta de tuercas. ¿Qué soy para aquellos habitantes del barrio de Nonoalco?

Mirar en cualquier dirección trae la misma tristeza. Pintas en las paredes sobre pintas más viejas. Los que saben acerca del desarrollo social urbano plantean que a mayor grado de agresión gráfica será mayor el descuido social y de gobierno. No sé qué tan cierto esto sea, pero es notorio la cantidad existente en propiedad privada: casas, comercios, bardas, edificios. Todos con pintas. Pero, el templo, ese no. Es una percepción singular la que experimento ante la parroquia. Un ambiente tan hostil, abandonado y sucio, tiene en su corazón un pequeño espacio de respeto. Ni siquiera las áreas comunes para la infancia fueron respetadas. Un esqueleto de aluminio hace las veces de cancha de futbol rápido; al costado, los subibajas. Como usando binoculares, enfoco la vista más allá, un metro más allá de los juegos; en la pared, una pinta de  casi dos metros con la palabra topo.  Al costado, una fila interminable de letras y trazos sin sentido, sin claridad, con mucha rabia, sin mucho sentido para el que no lo vive. La hora no es adecuada para ver los colores naturales; todo se percibe bajo una tenue luz azulosa. De esas que existen bajo los puentes; Nonoalco ha quedado bajo un puente.

(La parroquia de la Asunción de Santa María se ubica frente al cruce de las calles Santa Lucía y Antonio Van Dick. Para su llegada sólo hay una vía de acceso y el espacio para vehículos es reducido. El entorno urbano es deteriorado y lleno de agresiones gráficas.)

Las calles que tienen sentido hacia el interior del barrio desde Periférico no tienen señalamientos. Por el lado poniente, no hay accesibilidad sencilla por el sentido de las mismas. Por ello, el único modo de arribar es a través de la avenida Santa Lucía, en sentido sur-norte. Se puede llegar al espacio de forma peatonal si el visitante utiliza transporte público sobre av. Periférico y conoce las calles aledañas. No es recomendable por la inseguridad del lugar.

De todo el barrio, la sección norte, es decir, de la parroquia de la Asunción de Santa María en adelante, es la más dañada y agredida gráficamente. Esto se debe a que se existe un tramo de calle que mide casi un kilómetro de longitud flanqueado por una sola barda en su costado oriente y pocas viviendas en el poniente. Inclusive, esta sección cuenta con un espacio triangular hacia el poniente que es utilizado como basurero irregular. La falta de tránsito peatonal por esta sección, así como las construcciones abandonadas, completan el conjunto de condiciones peligrosas para su recorrido a pie.

La parroquia de la Asunción de Santa María, Nonoalco, se encuentra en el corazón de un barrio de antaño, que sin embargo, ha sido descuidado por las autoridades. La experiencia de intentar llegar al lugar es desalentadora. El aspecto sucio y agresivo de la zona hace recordar que aun dentro de la modernidad, el atraso y desapego social son realidades con las que vivimos, seamos conscientes o no de ello. 

De Nonoalco y otros pueblos…

Lo que hoy es un barrio, sitio patrimonial de la delegación Álvaro Obregón, en aquellos ayeres porfirianos formó parte del trazado municipal de Mixcoac. Como podemos observar, Santa María Nonoalco quedó en el camino entre el pueblo de Tacubaya y Mixcoac. Consultado en línea el 8/03/12. Mapoteca Manuel Orozco y Berra. N° Clasificador 2637-OYB-725-A

Aquel pasado de modernización positivista apostaba por la tecnología para llevar al país hacia el orden y progreso. Y qué mejor ruta para alcanzar el futuro si no fuera por rutas de comunicación. El trazado urbano junto a las líneas férreas, locales y foráneas, articularon las venas sociales enraizadas en Nonoalco.   

Consultado en línea el 8/03/12. Mapoteca Manuel Orozco y Berra. N° Clasificador 1469E-CGE-725-B

Y así las cosas. Lo que algún día fue puramente Nonoalco, en nuestros días se le conoce como el barrio de Santa María Nonoalco. ¿Cómo dar con este paraje escondido del trajín cotidiano? De acuerdo con las maravillas tecnológicas de nuestros tiempos, podemos ver representados los límites urbanos del barrio.

Apegándonos a la rosa de los vientos, las colindancias limítrofes del barrio son las siguientes

Norte: San Antonio

Sur: Chilpa

Oriente: Periférico

Poniente: Santa Lucía

¿Por qué hablar del barrio de Nonoalco?

La energía de esta ciudad, gran capital, se revela a través de sus barrios. Células urbanas que entre aceras encierran lo que son, lo que fueron, y lo que el porvenir dirá. Almas hilvanadas por seda que entrelaza su entorno con filigrana de cemento. Pertenecer, vivir y ser, arraigo puro a la barriada de la gran capital; es lo que Santa María Nonoalco esconde sin intención, sin malicia. Historia propia sin contar, energía de barrio por mérito propio a la espera de una presencia inmediata.

De antaño, más de un siglo atrás, el barrio de Santa María Nonoalco existió como tal, como agua muda de origen náhuatl. Permanentemente inconmovible, trazado que alguna vez se adscribió a una energía superior. En lo alto, aquella culebra de nubes que fue el municipio de Mixcoac gobernaba al pequeño oasis de Nonoalco, que en lo bajo, vivió arropado a la sombra de dos lugares: Tacubaya y Mixcoac. Sin lugar a equivocación, ambos, espacios de peso en la historia de la gran capital. En medio, el barrio menor, pequeño, mudo. Reducto de pocas calles que perduró hasta el día de hoy en que escribo sus líneas.

En el centro del barrio late su corazón, el tañido de la parroquia de la Asunción de Santa María. Más de dos siglos de camino y ambos, templo y barrio, siguen en pie atestiguando el paso del tiempo. En un pasado prehispánico, vieron erigirse asentamientos breves, discretos. Asentamientos que se pierden “en la nebulosidad de los tiempos”. (Hernández, Suárez, Culebra: 1991, p. 9)  Impasibles, miraron a los modernos hombres del porfiriato tender férreas líneas que los años cubrieron de asfalto. De frente a la parroquia, el camino de durmientes y hierro que conducía a Cuernavaca; varias cuadras a lo lejos, el que correspondía con el antiguo pueblo de Santa Fe. Desde el presente, en pié aun, la parroquia de la Asunción de Santa María se renueva por esfuerzos de CONACULTA, a través de siglas impronunciables, DGSMPC, que en castellano desglosado serían algo así como Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural. Se dio a la tarea de sacarle brillo, lustrarlo. Junto con otras dependencias dejaron chulo al corazón, templo, del barrio de Nonoalco.

¿Podemos pedir más? Tantas cosas por contar, tanta energía por revelar. El barrio de Santa María Nonoalco yace a la espera de aquellos visitantes que en su experiencia revivan la existencia de su presencia.