La energía de esta ciudad, gran capital, se revela a través de sus barrios. Células urbanas que entre aceras encierran lo que son, lo que fueron, y lo que el porvenir dirá. Almas hilvanadas por seda que entrelaza su entorno con filigrana de cemento. Pertenecer, vivir y ser, arraigo puro a la barriada de la gran capital; es lo que Santa María Nonoalco esconde sin intención, sin malicia. Historia propia sin contar, energía de barrio por mérito propio a la espera de una presencia inmediata.

De antaño, más de un siglo atrás, el barrio de Santa María Nonoalco existió como tal, como agua muda de origen náhuatl. Permanentemente inconmovible, trazado que alguna vez se adscribió a una energía superior. En lo alto, aquella culebra de nubes que fue el municipio de Mixcoac gobernaba al pequeño oasis de Nonoalco, que en lo bajo, vivió arropado a la sombra de dos lugares: Tacubaya y Mixcoac. Sin lugar a equivocación, ambos, espacios de peso en la historia de la gran capital. En medio, el barrio menor, pequeño, mudo. Reducto de pocas calles que perduró hasta el día de hoy en que escribo sus líneas.

En el centro del barrio late su corazón, el tañido de la parroquia de la Asunción de Santa María. Más de dos siglos de camino y ambos, templo y barrio, siguen en pie atestiguando el paso del tiempo. En un pasado prehispánico, vieron erigirse asentamientos breves, discretos. Asentamientos que se pierden “en la nebulosidad de los tiempos”. (Hernández, Suárez, Culebra: 1991, p. 9)  Impasibles, miraron a los modernos hombres del porfiriato tender férreas líneas que los años cubrieron de asfalto. De frente a la parroquia, el camino de durmientes y hierro que conducía a Cuernavaca; varias cuadras a lo lejos, el que correspondía con el antiguo pueblo de Santa Fe. Desde el presente, en pié aun, la parroquia de la Asunción de Santa María se renueva por esfuerzos de CONACULTA, a través de siglas impronunciables, DGSMPC, que en castellano desglosado serían algo así como Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural. Se dio a la tarea de sacarle brillo, lustrarlo. Junto con otras dependencias dejaron chulo al corazón, templo, del barrio de Nonoalco.

¿Podemos pedir más? Tantas cosas por contar, tanta energía por revelar. El barrio de Santa María Nonoalco yace a la espera de aquellos visitantes que en su experiencia revivan la existencia de su presencia.

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